martes, 16 de enero de 2018

CAMINO DE HOJAS SECAS



Porque sé
que te has vuelto propietaria del destino,
que a la vera de tu caminar
se descifran los matojos indecisos
de mi pasión de anciano,
por eso y por más razones
anhelo cuando tus yemas
palpan cada poro de mi tiempo,
pulsan los rincones angulosos de mi alma,
y con el nombre de tu presente
podemos narrar,
en cada palmo de tu cintura,
con el pincel de tus bondades
y con mi tinta inalterable,
el armonioso lienzo del futuro
sembrado y abonado
por el aluvión eternamente limpio
de nuestras hojas secas.

Por más razones tiene el camino
el aprendizaje de tus huellas,
tu nombre grabado
como caracola cantora en sus entrañas,
tiene el olor de limones y de letras
silabeado por el compás y por el son
del reguero de tus pasos,
pues por tu nombre soy capaz
de olvidar los sinónimos del miedo,
por ti puedo olvidar el olvido
cuando me convierto en pluma
y vuelo con mi mirada
confiscada entre las tardes libres
de tus ojos,
peregrinos del compromiso de tu ruta.

lunes, 15 de enero de 2018

BILLETE DE LOS TIEMPOS PERDIDOS

Hubo un día en el que sentimos
que encontraríamos,
inmersas en otras voces,
las vendas, respuestas y consuelos
para tantas y tantas cicatrices dolientes,
un día en el que pareció emerger,
con nuestra génesis en una mirada,
la resurrección de los acróbatas cobardes.

Creímos que,
hurgando entre los helechos secos,
con la luminaria de una lámpara de gas
asida con fervor por nuestras manos,
acertaríamos a consumar,
tras el halo de las hayas,
el incendio de sus ramajes muertos,
creímos que agitando los escombros
se esfumaría nuestro terror atávico
a las letras emergentes,
y que recobraríamos la fe
bostezada por los árboles.

Pero nos hicimos de hormigón y dinamita,
cerramos sueños,
trazamos caminos falsos
con el asfalto aprendido,
transitamos la mentira diplomática
de vivir en el límite discreto
de las vallas educadas.

Las heladas de este amanecer
nos harán recordar
el pudor con el que unos guantes
ocultaban sabañones diminutos
en aquella infancia de frío escatológico,
cuando queríamos alterar la aurora
sometiéndola mil veces
al vuelo alegre de cien pájaros
anunciantes de aleluyas de Cuaresma,
revueltos entre las cenizas de un Domingo,
pasajeros envueltos de pasado
para nuestro hogar presente.

jueves, 11 de enero de 2018

NADA

Quise vivir contigo cien años,
y cien años más si tú quisieras,
sentir tu pecho,
tu vientre,
en mi corazón,
en mi pasión,
(ser semilla en ti).

Quise envasar tus frases
como quien guardase
la miel de tus sueños,
ser delfín que bucear pudiera
en tu océano de estrellas
y entre el verde de tus ojos.

Quise escuchar
tu voz de vientos,
enredar en tus cabellos mariposas,
y callar nuestros celos
con los besos.

Quise.....

Ahora que te vas nada me queda,
ni tan siquiera
alguna de tus lágrimas,
ningún suspiro
ni ninguno de tus pasos
o alguna de tus huellas,
ahora te vas,
y pido
que el cielo llene tus banderas
con aire limpio,
que empuje tus velas
hacia buen puerto.

Me quedo entre tus oraciones
respirando mi destino,
devorando temple.

jueves, 4 de enero de 2018

CALIDEZ DE LA JAIMA

Su pureza se interrogará
una mañana abrasada y tardía
entre el absurdo de los rumores,
con la sutileza de quien ha optado
por empequeñecer toneladas de mensajes
hasta lo más rudo del horizonte,
dejadas las prisas,
también los sueños,
también los cataclismos,
colgados como camisa de seda
en una percha 
con aroma efímero a paseos del infierno.

Es probable
que se convenza de la mudez consentidora,
condescendiente con tanto vocerío
y con sus travesías estrábicas,
y compasivo con aquéllos
que dicen dar y piden,
con quiénes dicen escuchar y oyen,
con los que a viva voz
reprochan virtudes con un megáfono histérico,
se quedará en una jaima
en el desierto oculto,
escribiente con pluma curtida
bajo su laberinto sincero de estrellas.

Quedará,
callado entre memorias de Enero de nieves
y de copos deshechos y hambrientos,
bajo el quejido
de ruedas de carros de vidas pasadas,
-años de bienes vendrán-,
resumirá
en el regocijo de sus planos
la fe del agrimensor de manuscritos
y de manantiales de los oasis perpetuos.

domingo, 24 de diciembre de 2017

IKIGAI


Dime aquello que mirabas
cuando las ondas veías,
cuando,
risueño entre las peñas,
te rodeabas por entero
de su brisa rota,
cuando,
al escuchar las gaviotas,
se disolvía tu desolación
entre la espuma.

Háblame de los grilletes,
desmenuzados,
entre las burbujas blancas
del crujido de tu popa,
háblame de tus cañas,
de tu pesca,
de tu barco.

Cuéntame
de cómo fuiste patrón
sobre la voluntad de tu nave,
y que una marejada turbia
elevó a tu cubierta
el milagro de la inundación
de peces brillantes,
reflejo de paz
en tu tez de salmuera.

Dime que,
cuando se rasgaron tus redes
al rematar la singladura,
fue generosa
la canción de las sirenas.

Cada noche le harás guardia,
sostenido sobre el mar
que antaño navegaste,
a la luz de una casa
dormida en el puerto,
a su ventana azul,
y al zumbido suave
del enjambre de unos remos.


lunes, 18 de diciembre de 2017

POR UNA HOJA


La última hoja de Otoño,
la hija de primaveras,
se abanica en su rama.

Tan pronto se haga viajera,
canción de columpios,
cornamusa de tierras,
será nave dorada
en corriente de acequias,
milagro de Invierno,
viento
de una marioneta
con rocío en sus cuerdas.

Pronto
olvidará su monólogo.

Pronto será el abono
de las hojas nuevas,
trisquel prometido
por las musas del agua,
compás de las lluvias,
partitura infinita
partiendo del alba,
pronto
rumor de gorriones
en la copa de un árbol,
contrapunto del cielo,
sonata del hielo,
murmullo de estrellas.


martes, 12 de diciembre de 2017

PARA CUANDO REGRESES



Recordarás el día
en el que conociste en las anclas
la mixtura de la sal
con la corteza de las ostras,
(la mar colmada de tu alimento añil),
el día en el que un pueblo de redes
se convirtió en tus adentros
en habitación bárbara de llagas,
navegación pérfida de fachadas solemnes
y podredumbre sobre su mármol.

Harás memoria de aquella tarde
en la que la voz del matorral
pronunció por vez primera tu nombre,
cuando asentiste a su llamada
con la voluntad enjuta,
abandonaste sin una lágrima la costa,
y ligera,
sembrando de camelias cada paso,
partiste hacia las selvas
apurando tu andar converso.

Tejiste entonces un cesto
con mimbres olvidados por almas funestas,
lo rellenaste de tejidos de ilusiones,
te hiciste costurera,
maestra de lanas y de hilos.

Ahora extiendes en los prados
una enorme sábana blanca
redactada con millares de nombres muertos
para que jamás
nadie les vuelva a prohibir la vida,
elevas con tu aguja el compromiso
de saborear una sonrisa,
derribas la esclavitud de las mordazas
en el amanecer sin fin de tus laderas,
das las gracias por el aire que respiras,
cubres con colores vivos
nuestros muros,
tus espejos.

Cuando regreses a los puertos
susurrarás de nuevo tu nombre;
lo harás al oído
de aquéllos que en su ignorancia
te insultaron,
resquebrajarás sus encuestas falsas
haciéndote presencia
dentro de sus cráneos huecos,
y mirarás al frente,
sonriente,
sin esconder tu rostro.