sábado, 14 de octubre de 2017

SIGLOS


En tarde de Mayo sonó en mi puerta
la llamada suave de tu presencia.

En silencio llegaste,
en calma como río,
como transparente azul de cielos.

Despacio,
con miedo en las bisagras,
fui abriendo las ventanas al aire que traías,
vientos frescos en mi extraños,
en ti vigor del saber y de consejos.

Y yo no comprendía,
me volvía hacia atrás,
reptando infame,
buscando excusas para huir,
para alejarme,
temiendo desde el temor
de saber lo que sabía:
que las luces de los siglos siempre vuelven,
que el presente nos invita a la concordia,
nosotros con nosotros,
hermanos, padre y madre,
todo aquello que el Destino haya previsto
para ser en el instante
de una vida.

Desde hoy
en mi te quedarás,
ahuyentada la tristeza de los siglos renunciados,
con la alegría vigilante
acompañándonos de sueños,
en risa plena de sabernos
almas destinadas a encontrarnos.

No tengo miedo.

Contigo lo temido se ha marchado
porque sé que te regreso es mi regreso,
porque sé que has regresado
para caminar al par,
mano con mano.

lunes, 9 de octubre de 2017

BARCOS DE PAPEL


Tocan a rebato en las torres de la iglesia.

Con incertidumbre charlan los badajos
de los imperios que decaen,
como en deflagración violenta,
en la narración misteriosa de los mudos.

Hacen que llueva sobre nuestros corazones
un millar de astillas grises,
abarcan con migajas angustiadas
adustos cielos de plomo,
desprenden hasta nuestras almas
ristras de aullidos tristes,
nos atan a aristas de adoquines
regados por la sangre de inocentes.

Son las calles tablero en blanco y negro,
peones los viandantes
movidos por las manos torpes
de taimados reyezuelos
convencidos por sus adjetivos
y por verbos con sílabas y acentos
de tardes pecadoras y corto recorrido.

Han enrarecido de despotismo el aire
los que se camuflan de patriotas,
nos asfixian con su pánico,
crean laberintos en los que despistarnos,
queman con el azufre de su aliento
el recuerdo y la humildad de los ancianos.

Como la madrastra que regala
manzanas contaminadas de ponzoña
nos envuelven con promesas de rosas secas
en un soleado Domingo imaginario,
y nos hacen creer que somos cual Alicia,
felices en un país que no es maravilloso,
país de ciudadanos coronados
que determinan con órdenes secretas
el cadalso donde decapitar la tolerancia
y con la sinrazón ajusticiar el pensamiento.

A nosotros corresponde ejercitar la libertad,
arrancar hojas de viejos libros sabios
para hacerlas renacer en abanicos de palabras,
y en barcos de papel
con los que transportar clemencias
sobre los ríos y los mares,
que aún no han sido destruidos,
disolver el marasmo que dormita
en la escoria que prometen los tramposos.

A nosotros nos empuja el devenir
de subvertir sus normas
desde la fe de no dañar ni ser dañados,
de no herir ni con hechos ni con frases,
de arañar despacio los espacios
con nuestra mirada limpia,
con la paz en nuestro hablar,
humanos entre la humanidad tranquila
desde el ministerio de las manos calmas.









lunes, 2 de octubre de 2017

QUE ESTALLE LA PAZ


Afilemos viejos lápices,
esgrimamos tizas blancas,
unámoslos en barrera de armonías,
detengamos con su fuerza
la agonía de cañones
del hambre de los hombres,
escribamos las palabras
con las que remendar auroras
en ofrenda de las selvas.

Que nos inunde la paz,
volteada como diábolo
en su cuerda,
disparada como flecha
hacia la diana
de los sentimientos libres,
que estalle repentina
la esperanza contundente y absoluta
cuando cese la epopeya
de los duelos,
el combate por el pan
de cada día.

Soñemos
ocho estrellas blancas,
soñemos limpia la bandera
hoy ultrajada por manos negras,
soñemos en la paz,
en la esperanza,
volvernos sobre el mar
como una lanza
cargada de justicia y de prudencia.

Roguemos
por el tiempo en que será
la libertad
con la que abrazar la tierra,
con la que respirar presencias,
en la que dibujar
sin sombras
ni silencios ni cadenas.

De pronto se hará el mañana,
y este tiempo,
inflado de paciencia,
verá crecer los hongos y los setos,
y hasta el río,
guardián de los secretos,
hará remansos,
deteniendo el curso de su llanto.

Asaltados nuestros diques
reventará la paz en mil burbujas,
con cada espina,
en cada esquina,
en tus ventanas,
bajo mis puertas.

sábado, 30 de septiembre de 2017

QUIEBRAN TUS ROSAS


Cónyuge obligada al desamparo y miel amarga
por la alianza que en tu dedo es una esposa,
cicatriz de tres soledades aceptadas
en la pasión contemplada por tus lágrimas
cuando inquieres la devolución de una sonrisa.

Quejido eres desde el trueno en tus fronteras,
alma en búsqueda de las traviesas de tus fugas,
cándida en la entrega inocente de peldaños,
obsesión que golpea cada noche las estrellas.

Rasgas tus sedas soñando entregas
sobre campos llanos de inventarios de lunas,
bajo los astros arrimas rimas a tus ascuas,
viéndote señora de triste baja cama,
temerosa en el tejido que tu verdad reitera.

Con manos agitadas recreas el deseo.

Desde tu Nirvana de complejos
clamas el olvido de tus días de angustia,
parapetada entre tus musas
como puntal que debilite los baluartes
en los que crujen tus tablas doloridas.

En tu voz quiebran las rosas,
laureles secan en tu frente de niña eterna,
pides renacer gritando en las revueltas
de la tristeza de un rumor amontonado.

Suplicas ocultar en tus vigilias sombras
con alforjas que rellenas con piedra ajena,
remueves la incomprensión que te recorre
al leer entre tus noches de helado lecho
las reseñas que los demás emiten,
resucitas lo sentido por tu tintero triste,
Dulcinea abandonada a un Quijote imaginado.

Dulcinea...... no estés triste.

viernes, 29 de septiembre de 2017

CÍRCULOS EN TÍ


Te recuerdo 
envuelta en el compás de lejanas viejas danzas,
te recuerdo en el vaivén
de nuestro mar de aquellas noches,
en el temblor de nuestros labios sobre Enero,
como la bailarina de una cueca lejana,
agitando tu pañuelo blanco para atraer la vida,
atravesando las claras arenas
en nuestros días de fugas,
corriendo sobre parques empinados.

Te recuerdo 
en los minutos que vivimos entre ondas,
que nos vieron compartiendo tu gozar,
que encendieron el fuego adormecido de tus leños.

Contigo cerré los círculos
que otros tiempos pasajeros abrieron en canal,
resonó la firmeza en las palabras,
la sonrisa nos hizo canción,
el placer retornó en el roce de tu pelo,
en tu cuerpo menudo,
sobre tu piel dorada de mestiza infinita,
en nuestros poros de años dormidos.

Crecí contigo,
acrecenté con mis manos tus caderas
en la intensidad de cada asalto,
en cada lucha de ardores que libramos,
combatientes encerrados
sobre una cancha de almohadones.

Tu mirada, mi mirada,
mi deseo, tu deseo,
cada instante acompañado
de la ternura transformada por la euforia
de las estrellas derrotadas en los labios
de nuestra lujuria sin tregua.

Como niños que despiertan nos buscamos,
persiguiendo con caricias
el huir de todo miedo de futuros
y escribir entre cien noches mil poesías,
confesar sin cobardía nuestro ayer,
redimirnos abrazados,
unidos y desnudos de temores.

Y me bebí tu esencia,
y nómada te fuiste
hurgando en las razones de tu marcha
a diseñar la vida en el Sol lejano de algún Sur
de erizada sangre bereber,
mientras mis círculos se abrieron
en este Norte de árboles y esencias.

Se han caído las penas,
y nos dejan la añoranza
de la unión de nuestros pechos,
nos dejan la distancia
sin ruido ni clamor ni soledades.

Todo pasa y todo queda.

Te recuerdo,
y guardaré en mi memoria tu presencia,
la pasión de nuestros cuerpos,
el valor de esos instantes de renuncias.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

VÍA ESTRECHA

                     
Qué sencillo nos parece recoger
en esta fúnebre estación de vida
algún billete de ida para el tren
que nos hacine cual rehenes en vagones
sin margen de maniobra,
sin querer saber ni conocer el nombre
de quién enloquecido lo pilota
rigiendo la derrota del saber.

Aposentamos nuestras nalgas
vueltos números en asientos de primera,
de segunda,
de tercera,
conformistas aceptamos el destino,
cobardes vemos resbalar paisajes
sin soñar siquiera
con detener la máquina y apearnos
y hacer real en nuestros pies
lo que entonan nuestros iris.

Burlamos en este viaje y a hurtadillas
el reflejo de nuestro rostro ante el cristal,
nos observamos de reojo,
pidiendo no asustar nuestra torpeza
al sentir el palpitar sobre las vías.

La altiva mugre desgasta nuestro vidrio,
prisma velado para nuestra obcecación,
nos aturden los sonidos
de mentes caídas en los fosos
y en la demencia de absurdas conjeturas.

La oscuridad absorbente del asfalto
nos devuelve a la tempestad
hasta lograr que escuezan nuestros hombros,
ausencia de luz
que evapora los claveles
entre la prisa y el ácido de este panal.

Mientras,
seguimos patinando,
continuamos calzados con el hielo,
cantando a viva voz
nuestros himnos inconclusos,
deshojados en las luces de la noche,
recolectando las endrinas
paridas tras muros derrotados por el caos.

Nos hemos vuelto grises,
y no viajamos,
nos obligan a viajar
los maquinistas de la alegría turbia,
los que nutren su locomotora desbocada
con el combustible de lo fiero,
nos hemos vuelto ciegos para andar,
para admirar montaña y bosque,
y con los ojos planeando en las entrañas
anegar la pleamar.

Tal vez si el ocaso entre los árboles
nos invitase a rebelarnos
nos volveríamos augures de las aves
y errabundos en segundos esparcidos,
sumándonos al horizonte
en el margen de este Finis Terrae
de buques de brisas cansadas,
sumergidos en el Sol que fallece,
distinguiendo en su agonía
los trazos de un pintor en su paleta
de mancha apasionada.

Orémosle entonces a la Luna renacida,
ladrona venturosa de las sombras,
mensajera audaz de los deseos,
alabemos el acaso del mar enrojecido,
pulso de aguas inocentes,
pues acaso el ocaso nos libere,
nos otorgue el don de profecías,
interprete nuestro afán de vuelos nobles,
pulso e impulso de vidas diferentes.

Creamos para poder crear
en cualquier Domingo adormecido
la deriva inteligente entre hileras de pisadas,
creemos para urdir entre las hiedras
habitaciones del encuentro,
y entonces las goteras de la amanecida
se harán río,
cualquier minuto neutro caerá,
rodando en los peldaños puros
reducidos a escombrera.

Humanicemos los enjambres,
transmutemos las colmenas poderosas
que abaten la existencia que perdemos
con el olvido de nuestro origen,
en nuestro repudio del Diluvio,
en la distancia hacia las arenas
que somos y seremos.

Retornemos a la vida en el presente,
con la luz del despertar
sanando nuestros párpados heridos,
caminemos hacia las peñas de sonetos,
hacia las aguas,
hacia el desierto de las rimas,
avancemos hasta los montes ocultos
por la eternidad de su ventisca,
permitamos que la inercia nos devuelva
la constancia ante los ojos.

Cantemos entre los campos a la aurora
y al atardecer de aromas densos,
captemos lo nunca pronunciado.

Seamos de nuevo tacto,
olfato, gusto, oído y vista,
repasemos la lección del sentimiento,
olvidemos lo que acaba,
urjamos nuestros pies en leve paso,
breves en la brevedad de los caminos.

Volvamos a habitar sobre esta Tierra
con nuestra consciencia abierta,
seamos sin temor la libertad que vuela
sobre la libertad del Mundo.

viernes, 22 de septiembre de 2017

SUSURROS


¿Por qué nos puede
la obsesión de gritarle al Mundo
si al final ese aullido se devuelve
transformado en un eco de la ira?.

¿Por qué azotamos las esquinas
de nuestro furor hiriente
con compases desabridos de afonía?.

Licenciemos las carencias
pronunciadas entre dientes,
conquistemos en silencio la templanza.

Transformados en susurro
descubramos en las voces
la plegaria que libere los corceles,
imploremos la redención
de reconocer la ausencia
internándose en los ojos y las bocas,
el sonido suave de una frase
y el candor de aguas que se escurren,
tibias, claras,
sobre la fortaleza de las rocas.

Seamos silbido de los grillos
resbalando sobre tardes de verano,
voz de paz que pronuncie en lo lejano
las raíces y prefijos del amigo,
sin volver jamás a retorcernos
entre los claustros grises
de la furia disuelta de las grietas
que elegimos por guarida.

Seamos el secreto abierto
esparcido en la quietud de los acentos
de nuestras nubes y sus brisas.