sábado, 30 de abril de 2016

AMANECER ( III )


Porque en nuestras pupilas
se esparce la espuma,
la experiencia del Sol,
el azar de Venus altanera
ebria en su tejido celestial del Junio fiel.

Lo sabemos.

Restauramos con los versos
nuestras torres de los siglos del granito,
apuramos con las manos
el incienso del deseo y de la calma.

Descubrimos el arraigo,
las puertas encarnadas entornadas,
en cada palmo de corteza
de la tierra que, pausada, nos responde.

Por ellos, por nosotros,
encendemos velas verdes
cada vez que se desprenden
matas de menta y aire,
hojas de papel escrito en sueños
de nuestras madrugadas cálidas.

Porque somos, existimos,
observamos el juego del mar,
la distancia oculta en los recodos
de nuestras mañanas de cera,
la brisa en nuestra piel de vida,
hasta olvidar el olvido de la penumbra lejana,
de nuestro miedo a habitar el presente
con los pies enrojecidos
en el placer de caminar
sin meta, ni fin, ni tiempo.

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