lunes, 4 de abril de 2016

SIN PRISA


Nos esperan las peñas de un otero,
de colinas templadas de alboradas.
Será largo el camino;
los pies nos llevarán
arrebatados con su música peregrina,
acogidos a esta tierra cautelosa
e imantada por la magia milenaria.

Herederos de letargos,
serpientes dormidas del invierno
despertaremos para arrastrar nuestros cuerpos
sobre el lodo ceniciento del arroyo,
cansados pero plenos
cuando alcancen nuestros ojos el ocaso.

No aceleres,
los bosques no reclaman nuestra urgencia.
En su canto nos alertan y nos llaman,
en su tronco nos observan y sonríen.

Despacio, no aceleres.
Las fuentes nos contagian de sonetos.

Despacio, aún mas despacio.

No olvidemos que el camino es llanto o alegría,
son helechos acoplados a la piel,
es el manto dibujado por el musgo.

Sin urgencias.

Es el tiempo desplazado por el tiempo,
es el viento desplazado por el viento,
es la niebla pronunciada en nuestros labios.

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