domingo, 29 de mayo de 2016

UNO DE ESTOS DÍAS

Hay días en los que me siento
tan cobarde en arquetipos
que ni me atrevo a pedirte
que me arropes en tus brazos,
pues temo herir tu conciencia
con mi fuerza y mi dolor.

Días del grísú en que pido
huir de los temores rancios
hasta mis ansias confusas,
recogiéndome en mi morada vieja
rellena de ideas anticuadas
y de rimas obsoletas.

Hay días ausentes
de mis pies que cortan nieblas
en los que mi frente ardiente
se vuelve cera,
se obstina en pensar lo impredecible,
se pierde, se encuentra,
se vuelve a perder.
buscando entre palabras llanas
aferrarse a sentimientos que no llegan.

Hoy es día de contrastes y silencios.
Me he ocultado,
he cerrado las ventanas,
he subido a mi tejado huero de tristezas,
he querido renunciar
a todo lo sentido y por sentir.

A pesar de la belleza de los campos,
de tu canción regalada,
soy pájaro herido en los pasados,
rabioso, enfermo en mi penuria
de estas sombras recitadas
entre el Sol que no se acerca
y la lluvia que susurra
su franqueza y su llegada.



CÍRCULOS EN TI


Te recuerdo,
bailarina de una cueca lejana,
agitando tu pañuelo blanco
para atraer la vida,
te recuerdo con tus pies pequeños
atravesando la arena clara
de nuestros días de fugas,
corriendo en las playas largas,
pues, contigo,
se cerraron los círculos
que aquellos tiempos pasajeros
abrieron en canal,
en nuestros cuerpos de los años dormidos.

Contigo resonó
otra vez la firmeza en las palabras,
la sonrisa se hizo canción.
el placer retornó en el roce de tu pelo,
en tu cuerpo menudo,
sobre tu piel dorada de mestiza infinita.

Crecí en ti y contigo,
acrecenté con mis manos tus caderas,
tus senos suaves,
intensos en los asaltos,
en cada lucha que libramos,
mañanas, tardes, noches,
combatientes encerrados
sobre una cancha de almohadones.

Tu mirada, mi mirada,
mi deseo, tu deseo,
cada instante acompañado
de la ternura transformada en euforia,
de estrellas derrotadas en los labios
de nuestra lujuria sin tregua.

Bebí tu esencia,
me devoraste,
y nómada te fuiste,
hurgando en las razones de tu marcha,
a diseñar la vida
en el Sol lejano de algún Sur
de sangre bereber antigua,
mientras mis círculos se abrieron
en este Norte de árboles y esencias,
mientras me abrí a tu olvido
rozando con mis dedos
la Luna en Primavera.




viernes, 27 de mayo de 2016

SEÑORA EQUINOCCIAL


Señora de equinoccios,
adivina, consejera, humilde dama,
espejo de mi fe, de mí reflejo,
curandera con palabras de mi alma.

Has vivido tantas vidas en tu vida
observada en el otero de tus átomos sinceros,
has caminado el Mundo hasta rendirlo
a la paz de tus sandalias,
cabalgado desbocada por instantes
para alcanzar estas tardes de ojos limpios
en que enhebras alfileres
sobre nubes sonrosadas,
cuando tejes tu retablo de aguas dulces
en paredes blancas rallanas con tu cielo.

Has espantado el miedo de tus venas,
lo has hecho huir con el silencio de tus noches
de aroma a hierbabuena y a rocío.

Señora de solsticios y de hogueras,
bruja buena que conjuras
con tu verbo los instantes más oscuros,
amiga de plegarias y secretos,
coleccionista de mis lágrimas,
lectora de cartones de futuro.

Edifica tu presencia el equilibrio,
la constancia entre los días derrumbados,
atesoras en tus brazos la concordia
sanadora con tus manos de mi frente.

domingo, 22 de mayo de 2016

TU LUZ



La Luz me alcanza suave,
uncida por el fuego de tu orbe,
con el pronóstico constante
de tu  Fe en mi que no comprendo,
me llega en instantes diminutos,
regalados,
entregados entre el magma
y la hoguera de tus versos.
Yo, tan pequeño,
tu, a tanto tiempo de camino
y de mar que atravesar,
tu, tan cercana,
unida a mis entrañas
por tu telar de seda y lino.
Escucho tu verdad,
me siento niño;
brinco las mañanas
en que me pierdo
voluntario en los senderos,
salpico mis pies entre los ríos,
me empapo
con toda la lluvia derrochada
desde mis nubes grises.
Me pierdo,
me encuentro
decretando la alegría de los mirlos.
Callo.
Me absorbe el Mundo,
me abandono en su silencio,
inexistente,
revuelto siendo viento,
siendo canto de los árboles,
siendo,
solo siendo,
solo sintiendo
la canción de los laureles,
el trino de los pájaros.,
llorando,
riendo,
girando sin cesar
aunque me observen.
Y te siento,
dentro de mi te siento,
prudente,
callada, silente,
armando con paciencia
tu presencia de Amor
sin condiciones.ni barreras.
Alma siempre
en la misión que cumple
tu Paz consciente.







PIEL DE ROBLE


Mi árbol antiguo,
mi viejo roble,
renacido en tu colina en Primavera,
que me dictas en el envés de tus hojas
los secretos más profundos;
haz que el aire hable en ti,
que te dé voz para contarme
en cada frase tuya nunca oída
lo que sientes,
lo que vives.

Nárrame a través de tus raíces
cómo es la tierra niuestra
que te envuelve,
para sentirte en mi,
para gozarte,
para darme la paz que ahora presiento
en cada resquicio suave de tu tronco.

Con la lluvia que golpea en cada rama
de tu humilde estructura centenaria
me hablas con la calma de los tiempos,
con el Sol que te da luz
en tus nidos y en tus brotes
de tu juventud en tantos años renacida
dibujas en mi alma trazos nuevos.

Viejo amado, roble viejo,
perspicaz anacoreta de los bosques,
anciano redimido por los años
de tus musgos sabios y tus hiedras,
canta con mi abrazo
la eternidad de la sonata de tus sendas,
sé mi albergue cuando llegue el día
en que sean mis cenizas
alimento de tu herencia.

PUEBLO EN SUEÑOS


Mi pueblo duerme.

Recostado entre dos ríos
duerme el sueño
de cien años de silencio.

Se acurruca en sus estrechas callejuelas,
sobre piedras desgastadas
y farolas agotadas de penumbras.

Se hace ovillo,
se recuesta,
se reclina sobre el valle,
envejecido de memorias,
y ni el viento ni la Luna lo penetran.

Por sus calles vibra el eco de unas voces,
de unos pies que cabalgan esas losas,
o la música lejana del Casino.

Duerme mi pueblo.

Son su almohada los helechos,
descolgados de sus techos y paredes,
son su lecho
los ventanales sombríos
y su tiempo retorcido en las esquinas.

sábado, 21 de mayo de 2016

TIENTO Y TACTO


Caen las horas tal y como antes han caído hojas
en revuelta estación que entre señales
se fragua candente como el hierro.

He perdido en estas eras
muchas llaves que no me corresponden,
esgrimido los insultos
como argucias y argumentos,,
compilado confusiones
en un escapulario de vidrios estallados,,
he ocultado a la esperanza
la verdad de mis estancias secretas,
oteado desde los cerros muertos
mi ceguera adjudicada a los demás.

He redimido desde un púlpito reseco
la voz que a mi me he impuesto
en el temor de pronunciar
el sonido confundido de mi propio nombre,
he dibujado mi contorno
con un pincel de cerdas finas
arrancadas pelo a pelo de mi piel,
he sido el vigilante hueco
de las sombras escondidas en mi rostro.

Ahora tú me anuncias este camino largo y voluntario.

No clavo puntas en el corazón de las fuentes,
no yerro flechas lanzadas al espacio,
no tallo la madera de mi tronco
con extrañas gubias de tristeza.
Busco en el silencio propio y ajeno
reducirme a la ausencia  de mi mismo,
arqueado en la ternura de tardes de mis lluvias,
hasta ser perdonado y perdonar.

Busco ser hijo de las nubes,
para llorar desde ellas con vosotros,
vivir inflando mis pulmones
con el viento que en mi boca se introduce,
beberme a sorbos largos la mar,
transformarme en flor de arena
persistente en sal y brisa.

Ahora tú desde tu lugar de vida y lava
lees cada verbo antiguo
con el afán de interpretar
en mis rectas las banderas que he tendido.
Desde tu ladera ardiente tú,
nacida en Sur siendo del Norte,
curtes las  líneas de fronteras
de mis viejas pasiones relatadas.
Me interpretas en tu lectura libre de las almas,
cuentas mis mil gotas de miedos
con tu cuentagotas de la paz,
y me hablas sin yo saber como es el canto
de tu voz de acento de volcanes.

Ahora alzas estandartes,
consejos azules cual tu cielo,
levantas la  paciencia de saber cómo me encuentro
sin hacerme siquiera una pregunta,
adivinando e intuyendo mis temores,
haciendo vibrar mi confusión
para transformarla en  el compás
de nuevos pasos firmes,
ahora deshilas despacio estas vendas
que han envuelto mis dedos yertos.

Ahora lo sé.
He de volver a nacer,
ingresar al útero de Madre Tierra,
retornar transformado en niño, en sentimientos.












jueves, 19 de mayo de 2016

QUE ESTALLE LA PAZ


Afilemos lápices,
esgrimamos tizas blancas,
unámonos en barrera de armonías,
detengamos con su fuerza
esta agonía de los cañones del hambre.

Usemos la palabra nueva
para remendar auroras
con su liturgia de las selvas.
Que nos inunde la paz,
volteada como diábolo en su cuerda,
disparada como flecha hacia la diana
de los sentimientos libres.

Que estalle repentina
la esperanza contundente y absoluta
cuando cese la epopeya de los duelos,
el combate por el pan
de cada día.

De pronto será silencio,
y este tiempo,
quejido de impaciencias,
verá crecer los hongos y los setos,
y hasta el río,
guardián de los secretos,
hará remansos,
deteniendo el curso de su llanto.

Asaltados nuestros diques
reventará la paz
cual mil burbujas,
en cada espina y esquina,
en tus ventanas,
sobre mi puerta.

domingo, 15 de mayo de 2016

TODO TENGO EN MI ESPERA


Nada te pido,
nada pediré,
pues no voy a edificar un Universo de dominios
sobre la casa que habitas,
pues tuya será y es,
pues libres hemos de ser
en los encuentros y horizontes
que harán brotar hojas nuevas
naciendo de este Ahora de hojarascas.

No sueño con que le otorgues
a este hombre sin equipaje que soy
veinticuatro horas de pasiones,
no reclamo de nosotros una unión agotadora
ni un orgasmo constante,
pues tengo la Fe de ese momento
en el que, entregados sin fronteras,
crearemos desde los cuerpos unidos
un solo Alma en sentimientos sinceros,
sin dejar de ser nosotros mismos,
y, aceptándonos,
 nos extenderemos sobre lo profundo
de nuestras avenidas nuevas.

No te solicito mil versos que nada digan,
dime tan solo con un  beso,
repentino en la mejilla,
o una caricia sobre mi rostro no afeitado,
lo que sientes.

No te  pido que hables siempre;
acepto tu silencio como agua amada
cuando los días de lluvias nos acojan,
y te invite a reírnos saltando sobre charcas
o a correr por las cuestas de nuestras horas
sin ningún paraguas que nos cubra.

Acepto tu compañía callada
en tus días de enojos y de dudas,
de tu tristeza y tu alegría,
en los días de tu rabia y de tu furia.

Nunca asaltaré tu mundo,
pero sueño;
permíteme la fantasía
de soñar tu oído escuchando mis latidos,
de sentirte dormida en el sofá,
apoyada tu cabeza  aquí,
sobre mi pecho,
mientras en silencio te arrullo
y acaricio tu cabello liberado,
revuelto por mis dedos de obrero humilde.

Dame el permiso de soñarnos
envueltos en manantiales de ternura
con un libro de sonetos leído por los dos
en una tarde agradecida de Sol y mares,
con nuestros pies descalzos
caminantes en islas de olvidos,
salpicados en agua salada y poesía.

Dame permiso para asir la dulzura de tus dedos,
cuando tu lo quieras,
lo desees,
inmersos en los bosques y las piedras
de esos lugares que hemos de encontrar,
unidos en la voluntad de nuestra magia.

Nada mas digo;
ahora guardo silencio;
cuando el destino lo dicte,
se abrirán las puertas al encuentro
de nuestras aguas,
de nuestros vientos.














jueves, 12 de mayo de 2016

MEMORIAL DE LAS DUNAS


Densos son los aires
allí donde las gaviotas graznan su locura
girando al sinsentido de los cienos
adornados por las tablas de millares de naufragios.

Hueca es la brisa en las entrañas
de hombre y de mujer residentes entre dunas,
arrastrados a ras de arena para huir
de las algas que hieren sus pupilas.

Miedo al vendaval en las pestañas,
en los poros,
en sus rostros aún indefinidos,
a la espera de romper y atravesar
la misma linea horizontal de soledades.

Hombre y mujer desconocidos de sí mismos,
por sí mismos sometidos
al miedo y cobardía de los vientos.

Hombre que soy, sin rasgos para ti,
mujer que eres, sin faz reconocida,
aún no encontrada,
adivinada en la intensidad de tus pisadas
en nuestras laderas móviles.
en las que por instantes enterramos cofres viejos
repletos de la hojalata del pasado
de nuestros humanos arraigos imperfectos.

Es aún nuestra verdad solitaria voluntad de ser,
un aliento unido a la observación de mutuas olas,
es también presencia cómplice,
indefinida de secretos confesados
a los brazos de la humilde bajamar.

Es nuestra ausencia tibieza agridulce en las mañanas,
cielo de alquitrán en nuestras noches,
Sol o niebla cargada de humedad y de deseo
convertido a rajatabla en abstinencia camuflada
como serpiente entre la arena,
reptando y disolviéndose
para no temer mas lo temido.

Llegaremos,
cuando ahoguemos cobardías,
a sumergirnos en el mar un atardecer de Luna y lluvia;
nos nacerán aletas,
libres en  el placer entre las aguas,
tendremos rostro y sonrisa conocida.

Alcanzaré en tus branquias la posesión de las verdades,
tú en mi timón de espumas el roce y el vaivén
de este cuerpo en tus corrientes,
temblaremos en las dunas,
con nuestras manos ancladas en milagro de sentirnos
rellenando nuestra aurora.



























EN CRUZ Y RAYA.


Trazas trenzas destruyendo las palabras,
conoces las fronteras de presentes y pasados,
emites coordenadas a raudales con tus manos
como cómplice artesana de vasijas encriptadas.

Cariátide de un templo erguido de constancia,
altruista desde tu corazón firme y creciente
de la Luna lenta y atenta que se asienta
en la inspiración de tu crisol de sentimientos.

Reina de Espadas en páginas conscientes,
verso y verbo libre de cumbre conocida,
alba anunciada entre la niebla de los bosques,
verde en tu lluvia, blanca en llama erguida.

Constructora de puentes de mil arcos de alegría,
alquimista en la estrofa y en la bendición de huellas,
esfera de aguas puras de tus fuentes conquistadas
allende las montañas que renuevan primaveras.

Libro infinito que se entrega entre mareas
arbitrado de nostalgia en mariposas de tus noches,
claridad brillante de los códices honestos
que regalan sin pudor espirales silenciosas.



               












DON BENITO (3ª parte y final)


     Aquel mediodía apenas probó los platos que Blanca había preparado. De vez en cuando se quedaba absorto, con sus ojos perdidos en un punto inconcreto. Ella, tras observarlo un buen rato de reojo, optó por preguntarle qué le sucedía. Él no la miró, sólo respondió.
     - La iglesia..... ¿Qué puedo hacer?.
     Pasó el día entre rezos y silencios. Al caer la noche, Benito seguía ensimismado. Blanca lo dejaba estar, también callada, hasta que en un momento atrapó su mano posada en el mantel, lo miró con dulzura y le dijo.:
     - Tranquilo, hermano. Lo harás bien.
     La noche se le hizo larga, pesada. El sueño no quería acercarse a él, lo despreciaba. Giró cientos de veces en la cama, suspirando y hablando en voz baja. A las seis de la madrugada, cansado de no descansar, se embutió en su sotana, y salió al exterior.
     El amanecer le sorprendió en el atrio. Entre las montañas se esparcía la bruma. Sacó del bolsillo del pantalón una pitillera, y con paciencia ritual lió el primer cigarro del día. La mañana era fresca.
     Respiró profundamente. Miró hacia arriba. Y se decidió. En un lateral se situaba una escalera herrumbrosa, adherida a la pared. Por ella subió despacio, asegurando cada pie para no caerse. El tejado estaba resbaladizo, la luz del alba era escasa. Allí se encontraba, tratando de situar lo mejor posible las piezas de pizarra, buscando cada espacio hueco para rellenarlo. El trabajo se hacía complicado. Faltaban lajas, y sus manos no estaban acostumbradas a aquellas tareas. Al cabo de una hora el sudor le corría por la frente; se despojó de la sotana. La espadaña hizo de percha improvisada.
     Salió el Sol. En él, sombra delgada, se reflejaba el esfuerzo. Por momentos se desesperaba, cada vez que trataba de cubrir un hueco otro nuevo aparecía sin remisión. Sus pies no se sentían seguros, y sus manos manchadas estaban ya surcadas de arañazos, tierra y musgo.
     Más allá del río comenzó a escucharse el ronroneo de las ruedas de un carro de bueyes. Atados por el yugo a la testuz, con el caminar lento, avanzaban por el sendero enlodado por la lluvia del día anterior. Al lado, con el cayado sobre el hombro, Celedonio acompasaba su ritmo al de los animales.
     - Buenos días tenga usted, Don Benito.
     Con gesto agotado, lo miró. No sabía quién era, pero a él ya lo conocían por su nombre. Respondió.
     - Buenos días.
     Celedonio se detuvo entonces. Los bueyes también.
     - ¿Necesita ayuda?.
     Dudó qué decir, hasta que replicó resignado.
     - Si. Pero este tejado esta fatal. Falta de todo. No sé por dónde comenzar.
     El labriego no se inmutó.
     - Bueno. Vengo ahora.
     Y aquel carro viejo, aquel hombre viejo, aquellos bueyes viejos, reiniciaron su camino. Se fueron alejando, envueltos en el sonido constante del eje de las ruedas.
     Benito  no lo comprendió. Pero al cabo de media hora el mismo sonido acompasado de madera y hierro volvió para hacerse a cada instante mas cercano.
     Regresó con dos muchachos. Traían en su retorno unas cuantas piedras de pizarra de forma irregular que fueron depositado ordenadas y apoyadas en la hierba aledaña a la escalera. Después, a voz en grito, el rapaz mas fornido le pidió a Benito que bajase del tejado.
     - Señor cura, mejor que se venga para aquí.
     Recogió la sotana y obedeció sin rechistar. Al posar sus pies en el suelo se inició el relevo. El anciano y el mas joven de los chicos subieron, mientras que el otro se quedó a media altura de la pared, con un pie en un peldaño y otro en el aire.
     - Don Benito, vaya usted pasándome las piezas.
     Obedeció. El trabajo se aceleró. Con orden la techumbre fue componiéndose como en un puzzle. Cada piedra que subía encontraba su encaje, cada instante que pasaba el negro opaco iba cubriendo hasta el último espacio vacío.
     El Sol brillaba sobre ellos. En la piel tenían la sensación de un calor tibio y tierno. Soplaba un viento ligero que hacía temblar las hojas de los tejos.
     Terminaron. Los dos hombres descendieron para reunirse con sus vecinos bajo el alero de la puerta principal. Benito rebuscó de nuevo en sus bolsillos tratando de localizar su pitillera, pero no la encontró. El viejo hizo lo mismo, extrajo una cajetilla de tabaco negro sin filtro y se la entregó al clérigo.
    - Gracias....
    - Celedonio, señor cura, así me llamo.
    Y Don Benito sonrió. Después de mucho tiempo, de muchos días, volvió a sonreír.
   

miércoles, 11 de mayo de 2016

VIDAS POR VIVIR


En una vida tantas vidas
cosidas a tus ojos somnolientos,
nana calma enamorada,
sigilo de las sombras y los juegos.

Fuego en nuestras mentes,
en nuestros cuerpos unidos en el rastro,
vinculados en la búsqueda de paraísos que perdimos,
que soñamos,
tendidos,
atrapados en los gestos,
en el roce y la batalla,
en el Alma que me entregas en tu cuerpo abierto,
en tus sueños abiertos con tu deseo libre
hacia mis fronteras rotas.

Volando,
dejando en nuestra espalda
el temor humano de la duda,
flotemos y perdámonos,
encontrándonos,
tropezando mutuamente sobre las tablas cálidas
de estos cielos y estas llamas,
tentando con las yemas de nuestros dedos
la ruptura de los cánones no escritos,
liberando en el sudor y en las caricias
nuestro tiempo de jóvenes perdidos,
desde este Otoño sabio
que nos lanza en nuestras cuestas,
sin freno ni motor,
con nuestra inercia de piel,
de piel y nubes,
cayendo cual la lluvia,
muy despacio,
en mi cabello escaso
y en tu cuerpo de partos.


DON BENITO (2ª parte)

                                                                  BERDUCEDO

     Mi madre planchó aquella mañana con hierro y carbón  nuestra ropa de fiesta. Pantalón gris de media pierna, camisa blanca, calcetines altos, zapatos de charol y chaleco de lana en verde oliva. Nos vistió, peinó, reparó después su moño tan similar al de Evita y se ajustó su mantilla negra. Salimos asidos a ella, cuesta abajo. El cielo se encapotaba lentamente, nubes grises lo recorrían urgentes.
     Mi hermano no cesaba de brincar alrededor de la capilla, saltando entre las piedras, abrazado alternativamente al abeto o al tejo. Y en un arrebato echó mano a la cuerda que hacía repicar la campana y tiró con fuerza varias veces. El eco devolvió el sonido. El gesto de madre fue de sorpresa, lo miró fijamente y en una carrera ligera trató de acercarse a él. Huyó, botando, entre asustado y risueño.
     Permanecí en una esquina observando la persecución, como si de un juego se tratase.
     Entonces lo conocí. Llegó raudo, con la casulla blanca recién puesta, preguntándose qué había sucedido. Por un instante me miró, pero continuó caminando hasta que se encontró con los dos. Se detuvieron. Madre se quedó estática, delante de él, y balbuceando se excusó.
     - Perdone, señor cura. Fue el crío. Tiró de la cuerda.
     Se quedó pensativo. Observó alternativamente a cada uno de ellos, y asintió.
     - ¿Qué edad tiene?.
     - Tres años y medio - replicó mi madre, apesadumbrada.
     - No se preocupe, señora. Es solo un niño. Es normal.
      No reparó en nuestro gesto de sorpresa.. Giró sobre sí mismo y volvió a entrar camino del ábside. Allí permaneció, ordenando los cálices y paños.
      Poco a poco los bancos se fueron poblando de feligreses. Las mujeres y los niños se situaban delante, los hombres buscaban la seguridad de la puerta principal para  poder hablar en susurrros de lo sucedido durante la semana. Pero este Domingo era diferente. Todos querían conocer al nuevo párroco.
      El reloj de péndulo marcó las doce. Benito asomó por el lateral y se situó ante el altar. Los feligreses se pusieron de pie. Se encontró atrapado de repente por un miedo atroz. No era su primera Misa,, pero sintió un nudo en la garganta y sudor en las manos. Arrancó, mal como pudo. Titubeaba, sintió murmullos. Pero se armó de paciencia y, poco a poco, aquella sensación se diluyó.
     En el cielo las nubes se iban comprimiendo y oscureciendo. Ya apagaban la luz del Sol.
     Llegó el instante de la consagración. Alzó la hostia, la partió y, en el momento en que la introdujo en su boca, comenzó el diluvio. Arrancó a caer con fuerza, golpeando el tejado en un chaparrón sonoro. Las aguas comenzaron a penetrar dentro de la iglesia. Primero fueron pequeñas goteras junto a la capilla de San Roque, después se extendió por el pasillo central,  y finalmente ya simulaba una inundación. Los parroquianos no se inmutaron, continuaron en sus puestos, callados, escuchando el oficio. A Benito le volvió a doler el alma.  

martes, 10 de mayo de 2016

DON BENITO (1ª parte)

                                                                  BERDUCEDO

     Era por Mayo.Viernes. Ya lejano el invierno, las vacas pastaban libres entre los brezos y retamas. Todo se cubría en un juego de colores verdes y amarillos, con las flores abiertas al Sol.
     Por la carretera estrecha subían despacio, girando con esfuerzo en cada curva de aquella calzada de muchas piedras y asfalto escaso y horadado. Por delante un pequeño camión de mudanzas renqueaba en cada cuesta; tras él, apenas rozándolo, un taxi negro de llantas embarradas. Desde Oviedo venían, agotados, en un viaje de pocos kilómetros pero eterno a pesar de la corta distancia que en el mapa se auguraba.
      Avanzaron por entre las casas y, con más rapidez, como adivinando el final de trayecto, enfilaron hacia la iglesia, cruzaron el puente y se detuvieron a la par de la rectoral. Del camión surgieron un hombre robusto de mediana edad y un joven menudo y lampiño. Del otro automóvil se apearon tres sombras delgadas y pálidas. La primera en descender fue la señora de aire altivo, enlutada hasta en el rostro; después lo hicieron otras dos personas, también de aspecto fúnebre.
     Ella era Blanca. Y blanca era en su piel y en su mirada. Sus ojos azules de joven de alma limpia observaron el lugar como queriendo memorizar cada espacio. Venía de negro riguroso, como su madre. Él era Benito; su sotana nueva y su delgadez delataban el poco tiempo que había transcurrido desde su ordenación. Aquél era su primer destino. Tenía en sus gestos un aire de nobleza antigua, de señor feudal o de obispo de otros tiempos. Sus ojos, claros como los de su hermana, recorrieron sin prisa el paisaje que se le mostraba.
     La descarga fue lenta, cautelosa. La matrona no cesaba de dar instrucciones para que no se dañase ninguna cama, ningún armario, ninguna silla. Los muebles de madera de castaño, tallados con paciencia por algún ebanista experto de la capital, fueron poco a poco posados y distribuidos en los cuartos de aquella vivienda de paredes amarillentas y desconchadas. Entraba por las ventanas una luz suave en la que se adivinaba la cercanía del estío.
     Ya vaciado el camión y recogidas las cuatro maletas de cartón, la madre se les acercó, sugirió algunos consejos a los que asintieron con la cabeza gacha, se dio media vuelta, pagó a los transportistas y volvió a embarcarse en el taxi. La vieron partir desde aquella puerta teñida de azul oscuro.
     Se quedaron solos. En silencio repasaron cada habitación, y con parsimonia comenzaron a montar y a ubicar los muebles. Al terminar el día cada lugar de aquella casa había cobrado vida nueva. Vida nueva para seres nuevos.
     El Domingo llegó. Desayunaron temprano, de pie, junto a la cocina de leña. Después Benito descendió hasta la iglesia, hizo sonar la campana anunciando la Misa y avanzó por entre los bancos hasta alcanzar la sacristía. Observó los techos, sintió tristeza; las losas de pizarra se abrían en algunos tramos y dejaban entrever la luz exterior. Se detuvo ante las imágenes de San Roque y Santa Isabel, carcomidas y descoloridas. Suspiró.
     - Demasiado tiempo...... - se dijo a sí mismo.

lunes, 9 de mayo de 2016

HAZ UN HAZ


Haz un haz de luz
que se adhiera a tu frente cuando ames,
que rodee de pasión tus días,
tu respiración, tu pulso,
tus impulsos,
un haz de hilos azules
que llene de esperanza a quién rodee,
que proteja a aquéllos
que tu rincón habitan.

Haz tu luz azul con tu sonrisa.

Haz un halo de luz azul
que brille en tu memoria y en tu espacio,
que cree golondrinas que no cesen
de volar libres en círculos,
unidas en la paz,
un lazo azul de mar azul
que tiña de alegría tus días nublados,
que te entregue el futuro,
que lo pose en tus manos.

Haz un alba azul de cielo azul
para que siempre
encuentres el lugar donde acogerte,
para no perder ni el Sur ni el Este,
para encontrar en tu destino
las violetas necesarias que te orienten.

domingo, 8 de mayo de 2016

CARA AL VIENTO



Hacia el viento voy
sin miedo
con la alegría del suspiro del halcón
libre en su vuelo.

Alzo los brazos y aleteo,
elevando en el aire los silencios
de mis días de Mayo.

Vuelo sin consciencia,
como respiro,
como camino,
como vivo,
como amo.

Nada más he de hacer que desearlo,
que extenderme,
tal cual soy,
y subir hasta las cumbres,
descender a los mares
para cubrir mis ojos
con la luz de un amanecer de plata y oro,
nada mas que buscar entre las fuentes
el agua que me avive,
recuperar las fuerzas
y volver a`extender las alas
sin perseguir las normas.

Libre
en el amor y en el arte,
arte de vivir siendo presente,
libre para encontrar sin ser buscado,
para escribir mi nombre
con las letras del viento en las paredes.

Libre,
de aire libre,
de pinos frente al altar de mi Poniente,
de mi Otoño de brillo renacido
y del fuego de mi signo incandescente.

Hacia el viento voy.
ahora de cara,
sin ocultar ni arrugas ni pasados,
perdiendo el miedo y el temor
en cada verso libre
de mi libertad alcanzada.






DANZA DE LAS PALABRAS


Algo me dice que todo gira
y, aunque yo calle,
sigue girando.

Algo me dice que todo danza
y, aunque no hable,
sigue danzando.

Alguien me cuenta desde muy lejos
sus sueños nuevos, sus sueños viejos,
sus desencantos.

En la penumbra de esos momentos
laten a tientas sus firmamentos,
corren despacio.

Es el latido de los espejos,
la cama humilde de sus tormentos,
de sus arcanos,
de los lunares de sus recuerdos,
cristal oscuro de desencuentros,
de antiguo llanto,
el pulso añejo del desapego,
la vida huida de sentimientos
abandonados.

Algo me dice que todo avanza;
mientras se mueve
sigo callado,
desmenuzando todo lamento
escudriñado tras el rosario
de sus milagros.

sábado, 7 de mayo de 2016

HACIA EL PUERTO

Centauro y Aries.
Luna llena en Leo.

Fuego, lluvia, viento.
Caminamos hacia el puerto.

Un paraguas diminuto
para abrigar nuestra fiebre,
con tus brazos regalándome
la alegría de sentirte.
tras tantos años perdidos
en nuestras ausencias fieras.

Buscan tus labios mis labios.

Me entrego una vez y otra vez,
a tu reclamo,
y despertamos de nuevo.

Yo despertando,
tu reviviendo
en el aire entre nosotros que se agrieta,
que la pasión agita
en nuestros pulmones locos..

Otro beso me pides cuando caminas,
y me detengo,
otro beso te entrego,
repleto en mi saliva con el deseo
de entrar en ti para siempre
en alma y cuerpo,
en cuerpo para sentirnos,
en alma para leernos
mas allá de nuestras ansias vírgenes.

Contemplo estas dársenas del agua,
mientras se aprieta tu pelo
a mi rostro envejecido.

Lluvia, viento.

Un paraguas que se rompe
huyendo libre
mas allá de nuestros velos,
abiertos por nuestras lenguas
desde el silencio.



AUTO SACRAMENTAL

Sacramento de vida y nacimiento,
o tal vez lamento de conjuras.

Se abren mis ventanas
para observar cercano el firmamento,
la tierra se disuelve entre mis manos;
la esperanza y la vanidad
vagan por entre mis jardines mustios.

Mi cuerpo se recoge
en el heno seco del olvido.

Se desplazan mis pies
teñidos de carbón antiguo,
retorcidos sobre los cantos rodados,
enfadados de cansancio.

La tierra se remueve entre mis dedos,
oscura, suave y húmeda,
portadora entre las uñas
de tantas resurrecciones.

Aún estos ojos agotados no saben ver,
aún estas rodillas hinchadas
no se resignan al descanso.

Aún queda tiempo
para esta tierra abonada,
preparada para la siembra,
aún me falta voz entre los castros,
la voz del trueno,
de la tormenta,
de la lluvia feroz que me germine
que en simiente me convierta,
pero el día se acerca
de mi redención de mimbres,
de la verdad abierta
entre los claros de mi oscura celda.

EN TU ÁRBOL


Al árbol subes.
Allí te acoges
con tu mirada tierna en el silencio.
Sus frutos te alimentan.
Huyes, sueñas.
Te buscan,
no te encuentran.
Callada observas las estrellas,
y callada
esperas la llegada
de quién quieres.
Huyes, sueñas,
con el brillo de la noche
recortando tu silueta.
Tu espacio se engrandece.
Observas, callas.
Tus ojos atenazan horizontes.
Te llaman, no respondes;
no hace falta
que te citen por tu nombre.

Elevada entre las hojas recuperas
el encuentro de la luz
que te deslumbra,
la sorpresa de sus rayos generosos
como el alma que construyes
cada noche en tu atalaya
niña dulce de ojos tristes.

jueves, 5 de mayo de 2016

RUMORES, MAS RUMORES

Rumor de rumor constante,
vorágine de mentes subjetivas de opinión concreta,
información balanceante de lanzas ebrias,
lenguas muertas excesivamente vivas.

Persecución del diferente,
lapidación hiriente,
palabras como piedras,
lacerantes,
innombrables mentes,
innombrablemente efímeras,
dementes,
opinión latente entre los miedos
de los miedos aceptados sólo a medias.

Rumor preciso,
inagotable,
fruto de algún polvo irredente de ignorancia,
barro sucio del alfarero atormentado
que moldea con sus labios lo imperfecto.

Lenguas como navajas en batallas de tabernas,
incontinencia verbal,
obscenidad oral,
juegos mentales de quién nada pierde y nada gana,
del que piensa que se sienta en los altares
a impartir un cortés doctorado de venganzas
con su verdad absoluta repartida
en porciones onerosas de incierta verborrea.

miércoles, 4 de mayo de 2016

ELLA

Ella,
cantora perspicaz de mis temores,
cómplice de las imágenes
que hicieron girar la rueda de mi voz,
mujer de ojos de emoción diáfana,
narradora en sus pupilas
del amanecer rojizo de un verano de furias.

Ella,
hembra dulce de escalera atormentada,
amante de las noches de lluvias
y del lodo de los caminos infinitos,
residente en la sabana más profunda,
pintora en tantas madrugadas
de todas mis arrugas.

Ella se fue
dibujando con su rastro mi mirada nueva,
dejando mi orgullo moribundo
prendido entre sus ramas austeras,
se fue
danzando al compás de su llanto,
buscando entre las piedras
la sublime urgencia de sanar su magia.

lunes, 2 de mayo de 2016

ENTRELAZADO


No me robéis esta melodía anónima
que me hace volar entre los bosques,
sobre los prados, sobre el mar.

No me prohibáis el sueño,
el sonido de los sueños,
la emoción de ser hijo de esta tierra
como hijo de todas las tierras,
heredero en las cuerdas del pasado,
esclavo alegre del  aire,
de las lluvias, del Sol,
de las nieblas.

No destrocéis la fuerza que me eleva
como olas que rompen
en los acantilados grises,
salvaje,
dueño y Señor en los cielos
de Mayo y de Diciembre.

Dejad que imagine en estas notas
el vuelo y el acorde de los pájaros
convertidos en alas en mi alma.

No impongáis cadenas de memorias,
que quiero vagar,
desnudo,
en el cantar de unas gaitas alejadas
que reflejan en sus tonos el paisaje
de una esquina en un lugar
del fin del Mundo,
hasta sentir el  roce en mis mejillas
del llanto de alegría
con la sinrazón de la armonía
de esta melodía verde.

RAÍCES DE PIEDRA


Tenemos las raíces
clavadas tan profundas en la Tierra
como anclas incendiadas
de una lancha blanca y valerosa.

Son nuestras raíces de piedra,
son los árboles las cruces
en nuestros cruces de caminos,
las colinas las olas de un rosario
adherido sin reparos al pasado,
precursor de mundos nuevos.

De Norte a Sur se agitan
los ríos, el mar, las sierras,
y estas raíces que se hunden
en piedras convertidas
cual rocas que amamos,
como canteros que somos,
cuando tallamos con cariño
cada acción y cada gesto,
cada frase y cada verbo,
cada beso.

Son las piedras que nos llaman,
que se vuelven sentimientos
en las raíces y el espejo
de nuestro mar, de las mareas,
del olor a sal,
de nuestro acento.

Son las nieblas que invitan
a sembrar la tierra,
a recoger sus frutos,
a gritar libres,
como infantes de nuevo nacimiento.

Es la melodía eterna,
siempre nuestra,
compuesta por algún desconocido,
siempre en nosotros,
siempre sumando.

Es amar, es sentir,
es no callar, y que sepan
que nuestras raíces de piedra son eternas,
que no nos  pueden arrancar
de este arena clara
que en su fuerza nos indulta,
en esta patria pequeña
que nunca cesa.

domingo, 1 de mayo de 2016

LUNA DE IMPACIENCIA


Esta Luna, impaciente, se desea.
Se refleja cual Narciso,
enamorada de sí misma,
de su imagen encendida.

Voraz devora sombras,
se alimenta;
orgullosa se descubre,
entre las cañas,
de las aguas de mis lagos,
del desierto de mis mares.

Presume de crecer,
de hacerse bella,
de robarle a algún Sol
todas sus fuerzas,
de alargar los días en las noches.

Celosa de su luz
se hace más grande.
Rebelde,
se convierte en fuego intenso.
Intensa se trastorna,
se transforma
en solista de cien cantos de tristeza.

Impetuosa sobre el Cielo
se estremece,
se hace tierna con el paso de las horas.

Me habla sin cesar,
me reconforta,
me acompaña en mis pasos esta noche
alumbrada de farolas
y de estrellas.