sábado, 7 de mayo de 2016

AUTO SACRAMENTAL

Sacramento de vida y nacimiento,
o tal vez lamento de conjuras.

Se abren mis ventanas
para observar cercano el firmamento,
la tierra se disuelve entre mis manos;
la esperanza y la vanidad
vagan por entre mis jardines mustios.

Mi cuerpo se recoge
en el heno seco del olvido.

Se desplazan mis pies
teñidos de carbón antiguo,
retorcidos sobre los cantos rodados,
enfadados de cansancio.

La tierra se remueve entre mis dedos,
oscura, suave y húmeda,
portadora entre las uñas
de tantas resurrecciones.

Aún estos ojos agotados no saben ver,
aún estas rodillas hinchadas
no se resignan al descanso.

Aún queda tiempo
para esta tierra abonada,
preparada para la siembra,
aún me falta voz entre los castros,
la voz del trueno,
de la tormenta,
de la lluvia feroz que me germine
que en simiente me convierta,
pero el día se acerca
de mi redención de mimbres,
de la verdad abierta
entre los claros de mi oscura celda.

2 comentarios:

  1. Un precioso poema lleno de sentimiento. Un saludo, amigo

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    1. Muchas gracias. Si no te importa, me gustaría agregar tu cuenta de blog a la mía. Me gusta mucho el trabajo que realizas. Buenas tardes, paisana.

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