martes, 20 de septiembre de 2016

INDICE DE ESPACIOS


Quien primero alcance a interpretar
los renglones curvos de las nuevas lluvias
que levante, humilde,
su dedo índice hacia el Cielo
y le indique a los demás
el recorrido de sus nubes plañideras,
pues aún hemos de buscar en la tormenta
el alivio entre los truenos,
pues aún en la superficie de las olas
no se advierten las lágrimas profundas
que se aferran a nuestros arrecifes rotos
como fruto cautivo de todos los naufragios.

Como barcos pequeños,
anclados aún en su espera en la ribera,
hemos de volver al viejo mar,
señor herido por la zozobra de sus duelos,
a dibujar estelas de consuelos y cautelas
que seres nuevos guardarán
enredadas para el futuro en sus pestañas.

En nuestro pecho habremos que acoger
ese viento salado que escala viejos sueños
con el afán de zurcir,
bajo la penumbra que termina,
las redes abandonadas en nuestros puertos
de estos años de fuego y pedernal.

Cantará el aire el rumor de antepasados.

Será la señal para izarnos sobre el vértigo
de navegar hasta acoger entre las manos
las manos hermanas de las mareas blancas,
para olvidar la esquirla de la muerte fría,
para orar callados en la visión de las orillas,
abandonado en Poniente entre sus llamas
el faro derrumbado y agotado
del rencor.

Hablarán los astros,
hablará la historia,
con su lenguaje antiguo y sabio
antes convertido en silencio oscurecido
por las armas cargadas de venganza,
hablará la Aurora en azul y rojo
de relatos que el tiempo hará brotar,
naciendo desde el llanto,
para bordar en las sonrisas de los niños
el presente y el futuro
de los renglones adheridos a las nubes
y sus signos.





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