jueves, 26 de enero de 2017

MANUSCRITO DE ENCUENTROS




Va el copista sin voz
rodeándose en el vacío de sus bóvedas,
descendiendo a la verdad y a la locura
desde sus memoriales del dolor
y desde las gestas de las banderas castigadas,
con los ojos enredados sobre el atril gastado,
atento a jeroglíficos sombríos de sus guerras.

Un perro fiel sorbió sus lágrimas,
puñales de nieve conjugaron llagas en sus dedos,
un espíritu de alabanzas borrosas inclinó en su espalda
la cruz inmensa de la voluntad de sus hermanos temerosos
e hizo brotar su sangre a borbotones
con la agonía gritando en las lenguas violentadas..

Ha observado la perfidia combatiente
brillando en la mirada posesiva de los lobos,
ha sido superficie de laguna negra,
ha sido amor en la sabiduría de las fuentes,
ha manado de sus hombros la tristeza de las calzadas áridas
ha conquistado el humedal descompuesto en su cantar,
ha escapado tantas veces al tañido de difuntos
para demorar las coplas
que se ha exiliado en la invasión
de los hijos de las arañas y serpientes,
tercos destructores de la rosa de los vientos.

Ríe y llora,
y su penar es carcajada,
y su alegría canal de paz de lo invisible.

Suena la lluvia sobre el cristal de su frente
al abrigo roto de la ermita en ruinas,
difunde con un pellizco de visiones de miserias
los escritos nuevos en el alba exacta
de la estación seca de los claustros derribados,
transforma el dorso de los pergaminos
con un recetario de amalgama de estrellas,
encuentra en su veleta la dirección de los encuentros.

Va el monje con su pluma rota,
mudo y con palabras de futuro,
a dibujar sobre su cuero abanicos de penurias
con los que recoger en sus anales
las antorchas que iluminen los eriales del presente.

domingo, 15 de enero de 2017

LA MIRADA DE LOS PECES


He tardado en comprender
que a la alegría  le corresponde trepar cada tarde
entre las ramas de un árbol diferente,
que se la observa en cada nido en sus alturas,
que la felicidad se presenta descalza
brincando sobre surcos abiertos
en el sembrado del cereal sagrado.

He tardado en aprender
que vivir es desnudarme y sumergirme
sin miedo a la mirada de los peces,
que habrá tiempos en que me dejaré llevar
en la placidez de un río suave
y otros días en los que agotaré mis brazos
enfrentándome a la rutina de las aguas,
que serán abundantes los instantes
en los que mis velas inflamadas de suspiros
me obligarán a navegar contra corriente.

He alcanzado a descubrir
que para emprender caminos
he de borrar los antiguos pasos del dolor
y germinar latiendo en los desiertos
y en la austeridad de los oasis,
que el volcán necio que en mí yacía
reventó de intolerancia,
que los laberintos del fuego
siempre tañen las campanas de la infamia.

Observad mis pies,
como se acercan fríos por la escarcha,
pero mirad mi alma ardiendo
en combustión lenta de anhelos,
mirad cómo me acerco
hablándoos a través del vuelo de las garzas.





martes, 10 de enero de 2017

UN VAHIDO DE BALDOSAS


Surcan vientos correosos sobre el páramo;
se fragua desdeñada
una aureola de amapolas nacientes en Otoño
al tiempo que el tiempo se corroe
con el vapor de las mañanas densas,
enquistadas en memorias.

Se hace tarde para contemplar la Luna
pero es temprano para adorar el Sol.

No debo rezarle ni a los días ni al espacio;
mi plegaria sería ultraje,
mi palabra impertinente,
la esperanza difícil de explicar,
pues las llaves del destino son pesadas,
de fundido plomo ardiente
como aristas de ponzoña sobre el frío de mis manos.

Este reloj indefinido y su confusión de pasos
a cal y canto se empotran desde el cielo
entre nuestras viejas tejas mohosas,
y así huye la verdad,
despedida de los espejos turbios de los charcos
y de mis pies acatando un vahído las baldosas.

No quiero pensar ni puedo.
Observo un cielo de aguijones que se lanzan
con ansiedad a la caza de paseantes despistados,
capto el ritmo confuso de las piedras.

No quiero pensar, no debo.
Es momento para resecar orgullos,
para laminar con cera
las llagas de las tablas de mis techos.

martes, 3 de enero de 2017

SALMOS DE LAS AGUAS VERDES (I)


Sobre el silicio de nuestros funerales discurrimos,
dejando un rastro estéril
de pisadas de sangres y de huidas,
tejedores voluntarios en nuestras propias lindes
de las telas de araña que nos enredan
en la torpeza de ancianos llantos,
esclavos encorvados por los grilletes de las iras
desde lo más gris de nuestros pensamientos.

Y en el verde se camufla tu presencia,
visible en el futuro de la claridad de las miradas,
invisible a la mezquindad de lo sombrío
que refugia su poder voraz en la avaricia..

Nos moldea con nuestra misma arcilla,
sobre este valle salvaje y tierno,
tu mano sabia creadora de los lienzos de la lluvia,
nos construyes con las sombras del invierno
y las luces del verano,
encharcando nuestra tierra de experiencia,
convirtiendo nuestra selva interna en habitáculo
de la mirada hacia archivos memorables
que hemos de leer e interpretar
con el sonido de la paz entre sus comas
y subrayando la libertad en cada acento.


En la dignidad humilde del movimiento de tus dedos
todo ha de ser milagro y pulso fuerte,
en la liviandad de tus silencios
todo será promesa del parto de los hechos,
apetito de vida apretándose en abrazos,
y será el hambre de alegría
revolviéndose bajo nuestra piel de bosques,
helecho plural humedecido
nutrido por tu voz de cien caricias.