jueves, 26 de enero de 2017

MANUSCRITO DE ENCUENTROS




Va el copista sin voz
rodeándose en el vacío de sus bóvedas,
descendiendo a la verdad y a la locura
desde sus memoriales del dolor
y desde las gestas de las banderas castigadas,
con los ojos enredados sobre el atril gastado,
atento a jeroglíficos sombríos de sus guerras.

Un perro fiel sorbió sus lágrimas,
puñales de nieve conjugaron llagas en sus dedos,
un espíritu de alabanzas borrosas inclinó en su espalda
la cruz inmensa de la voluntad de sus hermanos temerosos
e hizo brotar su sangre a borbotones
con la agonía gritando en las lenguas violentadas..

Ha observado la perfidia combatiente
brillando en la mirada posesiva de los lobos,
ha sido superficie de laguna negra,
ha sido amor en la sabiduría de las fuentes,
ha manado de sus hombros la tristeza de las calzadas áridas
ha conquistado el humedal descompuesto en su cantar,
ha escapado tantas veces al tañido de difuntos
para demorar las coplas
que se ha exiliado en la invasión
de los hijos de las arañas y serpientes,
tercos destructores de la rosa de los vientos.

Ríe y llora,
y su penar es carcajada,
y su alegría canal de paz de lo invisible.

Suena la lluvia sobre el cristal de su frente
al abrigo roto de la ermita en ruinas,
difunde con un pellizco de visiones de miserias
los escritos nuevos en el alba exacta
de la estación seca de los claustros derribados,
transforma el dorso de los pergaminos
con un recetario de amalgama de estrellas,
encuentra en su veleta la dirección de los encuentros.

Va el monje con su pluma rota,
mudo y con palabras de futuro,
a dibujar sobre su cuero abanicos de penurias
con los que recoger en sus anales
las antorchas que iluminen los eriales del presente.

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