lunes, 30 de enero de 2017

RASTROS EN LOS PRADOS


Cada noche te presentas como Aracne
en laberinto de mi alma,
y despacio desenvuelves tus urdimbres,
enmarañas con el giro de tu rueca
una red en mi sendero,
construyendo con el tul de tu sonrisa
la humilde telaraña de tus líneas de armonía.

Acompañas cada encuentro en un ovillo
que tus manos desenredan
con la aurora que tejes con el lino
de tu tiempo regalado,
de esa tela que elaboras
cuando hablas acercándote a mi oído,
susurrando,
explicando la sorpresa de tus hilos
el milagro en el bordado de tus labios.

Entre la luz escasa
del crepúsculo de un sábado
rozamos los prados calzados de amores,
al tiempo que manos cruzan fronteras
con la caricia de nuestras noches.

Hablan los huertos con viento de alondras,
la corriente de vida nos transforma en barcos.

Horas largas se hacen verbo breve,
devuelven el cuadrante en agujas lentas
de minutos que se apropia
tu voz maestra,
instantes de nuestros brazos inocentes,
de tus pestañas lisonjeras explicando estrofas,
de mis dedos revolviendo
mi destino en tu cabello.

Vamos al par,
a la par que vamos
al ritmo de líquidas pisadas despistadas
en un dúo tembloroso de voces de aprendices.

Recuerda que te espero en la penumbra
arrullado por un haz de Luna tierna,
oculto del pensar de humanos angustiados.

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