martes, 3 de enero de 2017

SALMOS DE LAS AGUAS VERDES (I)


Sobre el silicio de nuestros funerales discurrimos,
dejando un rastro estéril
de pisadas de sangres y de huidas,
tejedores voluntarios en nuestras propias lindes
de las telas de araña que nos enredan
en la torpeza de ancianos llantos,
esclavos encorvados por los grilletes de las iras
desde lo más gris de nuestros pensamientos.

Y en el verde se camufla tu presencia,
visible en el futuro de la claridad de las miradas,
invisible a la mezquindad de lo sombrío
que refugia su poder voraz en la avaricia..

Nos moldea con nuestra misma arcilla,
sobre este valle salvaje y tierno,
tu mano sabia creadora de los lienzos de la lluvia,
nos construyes con las sombras del invierno
y las luces del verano,
encharcando nuestra tierra de experiencia,
convirtiendo nuestra selva interna en habitáculo
de la mirada hacia archivos memorables
que hemos de leer e interpretar
con el sonido de la paz entre sus comas
y subrayando la libertad en cada acento.


En la dignidad humilde del movimiento de tus dedos
todo ha de ser milagro y pulso fuerte,
en la liviandad de tus silencios
todo será promesa del parto de los hechos,
apetito de vida apretándose en abrazos,
y será el hambre de alegría
revolviéndose bajo nuestra piel de bosques,
helecho plural humedecido
nutrido por tu voz de cien caricias.




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