martes, 10 de enero de 2017

UN VAHIDO DE BALDOSAS


Surcan vientos correosos sobre el páramo;
se fragua desdeñada
una aureola de amapolas nacientes en Otoño
al tiempo que el tiempo se corroe
con el vapor de las mañanas densas,
enquistadas en memorias.

Se hace tarde para contemplar la Luna
pero es temprano para adorar el Sol.

No debo rezarle ni a los días ni al espacio;
mi plegaria sería ultraje,
mi palabra impertinente,
la esperanza difícil de explicar,
pues las llaves del destino son pesadas,
de fundido plomo ardiente
como aristas de ponzoña sobre el frío de mis manos.

Este reloj indefinido y su confusión de pasos
a cal y canto se empotran desde el cielo
entre nuestras viejas tejas mohosas,
y así huye la verdad,
despedida de los espejos turbios de los charcos
y de mis pies acatando un vahído las baldosas.

No quiero pensar ni puedo.
Observo un cielo de aguijones que se lanzan
con ansiedad a la caza de paseantes despistados,
capto el ritmo confuso de las piedras.

No quiero pensar, no debo.
Es momento para resecar orgullos,
para laminar con cera
las llagas de las tablas de mis techos.

1 comentario:

  1. Deja que el viento lleve todo cuanto deba, aún hay tiempo para vivir y sanar.

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