domingo, 5 de febrero de 2017

ALDABAS


Llegará el día en el que habremos de abrir ventanas,
cambiar el color de las paredes
y emplazar nuestros pasos
para que nos lleven a alcanzar las puertas amplias.

Y tú, callada, lo sabes,
silenciosa lo aceptas,
sombra de vida que en mi se apoya.

Y ahora,
que quizá me escuches tan lejana y tan cercana,
sabrás que por tiempos me temblarán las manos
al rebuscar en mis bolsillos las llaves revoltosas,
sabrás que aún me costará escuchar el tiento
de tus pies resbalando aquí, a mi vera,
cercanos al felpudo que nos dará la bienvenida
en el grito de las dudas de bisagras.

Sabremos de lo cotidiano convertido en sacrosanto,
del sonido en  las mayúsculas
de lo que no se pronuncia y se conoce,
del cénit revolviendo las cortinas de nuestra habitación,
y podremos abrir el cajón donde se engendran
los nombres secretos de nuestro despertar.

Sabremos atar entre las sábanas los nudos de los cuerpos,
arder en la paz de nuestro sofá ilimitado de destinos,
extender en las alfombras lo mucho que nos queda por nacer,
sujetar tejados en las noches salvajes de los vientos,
cultivar en macetas el jardín
que descubra nuestro rostro y nuestra piel
abonadas con la luz,
sembradas con la ternura del arraigo de la tierra,
regadas y regaladas de deseo.






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