lunes, 27 de febrero de 2017

LA MEJILLA DE LA TIERRA



Escaleras de los siglos son la llave
de los amargos tiempos nuestros,
balada de montañas rotas
cortadas y curtidas de asteriscos
y de ariscos remiendos de ansiedades.

Sangran las peñas contagiadas
por nuestra humanidad de desmesuras,
con el delito inconfesado de quién quiere
alcanzar los cielos con los golpes
de la maza del orgullo de su nada


Suenan pasos, llueve tristeza.

Caen lágrimas de préstamo o mentira
cuando repica la campana en la campiña
de los que se alimentan de petróleo
y juegan en su poder con el aliento
del buen Sol que nuestro niegan.

Aliñan el horizonte con aceite oscuro
disolviendo las cascadas,
revierten nuestra arena en vidrio
exprimiendo con fuego en las laderas
la santidad de esta placenta.


La ira del Planeta va creciendo.

Se acrecienta en la medida desmedida
con la que devoran con insultos
la cruz celeste de los mares maniatados,
con la que agreden con inquina
la devoción hurtada a la vida sin urgencia.

Va creciendo la ira justa de la Tierra
sumergiendo con sus aguas islas yertas,
callando los caladeros muertos de sus nieves
con lluvia de azufre y de mercurio descarnado
nacido de la maldición de fiebres burdas.


Desatemos sogas crueles.

La voluntad de otras miradas ablanda nudos
con el duelo de verdades
que rompen la enfermedad de estos dominios,
con las colinas como escenario inmenso
superviviente a la violencia de la pólvora.

Habrá un día en el que llenaremos las canteras
con vibrato de violines y de arpas,
y en las terrazas desnudas
cultivaremos viejos bosques olvidados
en el día que reclamaremos las semillas.

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