domingo, 5 de marzo de 2017

SEFARAD


¿Por qué reniegas, Sefarad,
de estos tus hijos,
por qué nos abandonas,
por qué nos aborreces?.
¿Por qué tu rabia y tu temor al diferente,
 a quién te ama con palabras y  con gestos?.
¿Por qué, Madre, nos repudias,
por qué nos lanzas
al destino incierto de otras tierras,
al rumor incomprensible de otras voces?.

Preñados de recuerdos nos alejas
sobre galeras de ruinas,
que son cunas para el miedo,
a vivir el sin vivir en otras costas,
con el sonido del ladino entre los labios
y la memoria de cantares de niñeces,
sin más pasaje que las llaves de las casas
que tus rencillas nos obligan a olvidar.

No repitas, Madre amada, los errores,
no te invada la violencia ni los sueños
de ese oro que allende el mar
pretendes hacer tuyo,
aliméntate del crisol de tus matices,
de tus sombras y armonía de tus luces,
adivínate y aprende del desgarro de tu historia.

No destruyas, no ambiciones,
sé quién eres,
y perdona, Sefarad, a estos tus hijos
que se alejan perdidos en las aguas,
y perdona a tus hijos que aún te aman,
que aún anhelan el regreso hasta tus puertas
y al calor de Madre de tu Sol.





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