viernes, 14 de abril de 2017

ALGÚN DÍA


Un día cualquiera,
cuando no hablemos y vuelvas a leerme,
cuando vuelvas a sentirme,
sabrás que soy
hombre rústico disfrazado de retama,
adulto con soledad en las venas
y andar dudoso.

Para entonces te hablaré
de mis tazas de café,
sorbidas con la intuición abierta en un diario
como espejo en el que se refleja
la vanidad de nuestro refugio humano,
catarás el agridulce
que espanta el miedo en mis mañanas,
te diré el por qué de mi bandera solitaria,
la que ondea en mi mástil carcomido,
esperando que la entiendas
y de mi mano la extiendas
en las lindes de tu espacio.

Sabrás de nuestros cambios,
de tantas idas y venidas a la nada
como libros de la escuela de nuestra libertad,
entenderás tus momentos de orgullo,
mis instantes de egoísmo
desinflados con tu voz.surtiendo arroyos
para apagar los pesares.

Esperaré por ese día en que recuerdes
sentado en el mismo viejo banco,
contando pétalos e historias,
observando estampas de la infancia,
otra vez descalzo.













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