martes, 18 de abril de 2017

EN LA PIEL Y EL ALMA

Si un día se encuentran nuestras almas,
si se encuentran nuestros cuerpos,
liberaré tu blusa del rigor del miedo,
y sin prisa ni pausa,
ni contar las horas,
enredaremos nuestras bocas.

Haciendo hoguera de palabras y caricias
trazaré caminos en tu espalda,
posaré mis labios en tu cuello,
acariciaré con mis dientes
el rubor de la llama
que arderá en tus senos.

Jugaré sobre tu vientre
resbalando para alcanzar entre tu ombligo
la génesis de tu furor naciente,
cataré sin pudor el sol que guardas
en el sabor secreto
de tu secreto paraíso.

Si un día nuestras almas lo disponen,
con el amor liberado en nuestro lecho,
te llamaré para que rices con tus manos
cada rincón de mi piel despierta,
reclamaré tus dedos para que sean
la libertad sobre mis poros,
que urguen y esparzan en mis venas
el calor de tu presencia.

Y despacio alcanzaré tu templo,
despacio me entregaré,
hombre erguido y valiente hacia tus ansias,
despacio te entregarás,
enredando entre tus piernas mi constancia.

Urdiremos la conspiración de amarnos
reflejándose mis ojos en los tuyos,
tus ojos haciendo que los míos brillen,
y acoplados nos haremos uno,
fusión en un solo cuerpo
y una sola alma en movimiento,
rozándonos sin cesar lo más profundo
para alcanzar momento y tiempo
en que regale en tus entrañas
las gotas de mi amor y mi deseo.

Encarnaremos la dejadez para encontrarnos
sobre la almohada del amor que empieza,
mis brazos alargados en tus hombros,
tu cabeza apoyándose en mi pecho,
con el sueño que nos llega
en el abrazo de noches y de días
de los prodigios nuevos.


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