jueves, 18 de mayo de 2017

DONDE MUEREN LAS PALOMAS


Pasa el Mundo ante una puerta gris.

No miramos a los lados,
negamos la visión
del frío inerte que asoma desde las plumas
de una paloma moribunda.

Corremos fingiendo despiste,
entrecerrando los ojos,
golpeándonos con las verdades,
queriendo no saber lo que intuimos cierto,
asiéndonos a las puertas grises
de la memoria y su anestesia.

Mueren palomas cada día
en estas calles de almas divagantes,
rincones y entraña de ceguera de ilusiones,
planeta para los espíritus neutros
que economizan el sentir.

Muere cada día una paloma
en la imagen de los niños
cercados en la destrucción de selvas,
de los jóvenes
llamando a voces por la justicia,
de las mujeres
marcadas por golpes de traición tradicional,
de los ancianos
apresados en empalizadas genocidas,
de los campos
sembrados por los usureros de la muerte.

Se ultiman carcajadas de consuelo
en el orgullo de este circo colorista
sujeto sobre vigas de felicidad arrendada,
y sigue,
como siempre y desde siempre,
deambulando el Mundo ante una puerta gris
donde las palomas agonizan.


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