viernes, 29 de septiembre de 2017

CÍRCULOS EN TÍ


Te recuerdo 
envuelta en el compás de lejanas viejas danzas,
te recuerdo en el vaivén
de nuestro mar de aquellas noches,
en el temblor de nuestros labios sobre Enero,
como la bailarina de una cueca lejana,
agitando tu pañuelo blanco para atraer la vida,
atravesando las claras arenas
en nuestros días de fugas,
corriendo sobre parques empinados.

Te recuerdo 
en los minutos que vivimos entre ondas,
que nos vieron compartiendo tu gozar,
que encendieron el fuego adormecido de tus leños.

Contigo cerré los círculos
que otros tiempos pasajeros abrieron en canal,
resonó la firmeza en las palabras,
la sonrisa nos hizo canción,
el placer retornó en el roce de tu pelo,
en tu cuerpo menudo,
sobre tu piel dorada de mestiza infinita,
en nuestros poros de años dormidos.

Crecí contigo,
acrecenté con mis manos tus caderas
en la intensidad de cada asalto,
en cada lucha de ardores que libramos,
combatientes encerrados
sobre una cancha de almohadones.

Tu mirada, mi mirada,
mi deseo, tu deseo,
cada instante acompañado
de la ternura transformada por la euforia
de las estrellas derrotadas en los labios
de nuestra lujuria sin tregua.

Como niños que despiertan nos buscamos,
persiguiendo con caricias
el huir de todo miedo de futuros
y escribir entre cien noches mil poesías,
confesar sin cobardía nuestro ayer,
redimirnos abrazados,
unidos y desnudos de temores.

Y me bebí tu esencia,
y nómada te fuiste
hurgando en las razones de tu marcha
a diseñar la vida en el Sol lejano de algún Sur
de erizada sangre bereber,
mientras mis círculos se abrieron
en este Norte de árboles y esencias.

Se han caído las penas,
y nos dejan la añoranza
de la unión de nuestros pechos,
nos dejan la distancia
sin ruido ni clamor ni soledades.

Todo pasa y todo queda.

Te recuerdo,
y guardaré en mi memoria tu presencia,
la pasión de nuestros cuerpos,
el valor de esos instantes de renuncias.

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