lunes, 11 de septiembre de 2017

MI FARO


Aire, Fuego, Tierra y Agua
manejan las escalas de sus noches,
henchido de compasión se esfuerza
tierno y constante en su renuncia,
azorado por el agua en sus cristales,
azaroso misionero de la costa.

Es mi haz de luciérnagas curiosas,
guarida de galernas
recostada sobre un tálamo de rocas,
linterna frágil que parece perseguir
Continentes misteriosos.

Es humilde mi faro,
diminuto vigilante de mañanas de oro,
de tardes que se mecen entre algas
y sobre estelas plateadas
dibujadas por las proas.

Parece débil cuando guía,
vergonzoso,
a las anclas oxidadas y a las velas
que lejanas como paños se despiden,
pero es recio
en su entrega entre la niebla,
silenciosa su brújula modesta y solitaria,
e incrustada entre el granito
tiñe en blanco su corteza
la luz tímida y tenaz de ser profeta
de distancias.

Sé que he de callar
mientras ausculto en el presente
postreros acantilados de viento.

Arrimado en este faro irá mi tiempo
erguido y tumultuoso,
recorrido por cien mil gaviotas
en un sencillo, ardoroso y complacido
cantar de ausencias.

Mientras,
me cubriré los ojos,
cerraré mis labios vulnerables,
asimilaré las piedras
de este faro antiguo nunca muerto,
e intuiré en el abandono
la sonrisa del destino.

Sé que éste es el camino circundante,
entre los truenos marchitos,
de los que buscan la paz
con la que redimir la vergüenza
de todos los soles oscuros,
imbuidos por el vértigo
de mareas allegadas al ayer,
sendero es de los que callan
para escuchar la lluvia
a resguardo en su vigilia.

Somos parte del clamor entre las luces
de un eterno faro antiguo.


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