viernes, 24 de noviembre de 2017

NADA QUE CONTAR


Nada puedo decir que no sepamos,
que no sepamos decir cuando contamos,
una a una,
las hojas de la ausencia,
nada puedo escribir que no conciba
entre las frases de amor
que me prodigas
con la luz de tu Sol de soledades.

Me hago puente,
levantas al momento tus barreras,
abres tus puertas,
y permites que me incruste en tu memoria
sin alterar el pulso de tu esencia,
 y tu presencia acrecienta el alma y fuego
de este nómada de historias.

Me hago verso,
me llamas,
te llamo entre las llamas
de un incendio de palabras,
describo nuestro encuentro
sobre un horizonte íntegro
en este promontorio de océanos dispares,
cantando que mis barcos se colmaten,
en sus velas,
con tus vientos a raudales.

Avanzo hacia ti
sin temor en los pasos,
guiado por la señal de tus pupilas,
sin perderme en retrocesos
ni perderte entre las huellas
de tus tiempos vagabundos.

Te haces aurora,
intimidad y filtro de días aclarados,
nueva luz de invierno
de mar y de consultas
que abrimos con pudor cada mañana
tras la intimidad de nuestras noches,
transparentes noches
de porfía en tus susurros
y de alegría de mis sueños extendidos.

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