domingo, 24 de diciembre de 2017

IKIGAI


Dime aquello que mirabas
cuando las ondas veías,
cuando,
risueño entre las peñas,
te rodeabas por entero
de su brisa rota,
cuando,
al escuchar las gaviotas,
se disolvía tu desolación
entre la espuma.

Háblame de los grilletes,
desmenuzados,
entre las burbujas blancas
del crujido de tu popa,
háblame de tus cañas,
de tu pesca,
de tu barco.

Cuéntame
de cómo fuiste patrón
sobre la voluntad de tu nave,
y que una marejada turbia
elevó a tu cubierta
el milagro de la inundación
de peces brillantes,
reflejo de paz
en tu tez de salmuera.

Dime que,
cuando se rasgaron tus redes
al rematar la singladura,
fue generosa
la canción de las sirenas.

Cada noche le harás guardia,
sostenido sobre el mar
que antaño navegaste,
a la luz de una casa
dormida en el puerto,
a su ventana azul,
y al zumbido suave
del enjambre de unos remos.


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