lunes, 15 de enero de 2018

BILLETE DE LOS TIEMPOS PERDIDOS

Hubo un día en el que sentimos
que encontraríamos,
inmersas en otras voces,
las vendas, respuestas y consuelos
para tantas y tantas cicatrices dolientes,
un día en el que pareció emerger,
con nuestra génesis en una mirada,
la resurrección de los acróbatas cobardes.

Creímos que,
hurgando entre los helechos secos,
con la luminaria de una lámpara de gas
asida con fervor por nuestras manos,
acertaríamos a consumar,
tras el halo de las hayas,
el incendio de sus ramajes muertos,
creímos que agitando los escombros
se esfumaría nuestro terror atávico
a las letras emergentes,
y que recobraríamos la fe
bostezada por los árboles.

Pero nos hicimos de hormigón y dinamita,
cerramos sueños,
trazamos caminos falsos
con el asfalto aprendido,
transitamos la mentira diplomática
de vivir en el límite discreto
de las vallas educadas.

Las heladas de este amanecer
nos harán recordar
el pudor con el que unos guantes
ocultaban sabañones diminutos
en aquella infancia de frío escatológico,
cuando queríamos alterar la aurora
sometiéndola mil veces
al vuelo alegre de cien pájaros
anunciantes de aleluyas de Cuaresma,
revueltos entre las cenizas de un Domingo,
pasajeros envueltos de pasado
para nuestro hogar presente.

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