lunes, 22 de enero de 2018

TU SILENCIO RUEDA


A la vera de tu torre,
aderezada por el batir de las tormentas,
vas olvidando el tiempo
entre el solo de una flauta
y en la gratitud de tu grito sincero.

Más allá de las leyendas
(y de los años)
está el clamor de tus esferas abatidas,
llora y vibra
en el quejido solidario
del hierro oxidado de tus rejas
el solfeo áspero de las abejas despistadas,
la alquimia desmembrada
por tus rúbricas de insomnios.

Tu silencio respira en un reloj de Sol,
se bebe el tiempo a sorbos
(y a tientas)
más allá de las brumas,
cuando marca las diez
en tu ermita de paredes invisibles
y en el canto madrugador y sin consuelo
de un petirrojo en su espadaña.

Sabes que callas para escuchar
con el ronroneo meritorio de la lluvia
la vergüenza del satélite
agachado tras tu sombra,
sabes que caminar es el destino
de los que buscan la paz
(en las estacas)
y se hunden sin pudor en el vértigo del valle,
conoces cómo has de tallar las piedras
para olvidar esas torres
hoy presentidas de tristeza,
ahora confusión de letras rotas
y de pecados del habla.

Más allá de donde las fuentes
regalan sus gotas doloridas
sobre tu torso helado
tu silencio ha de mudar
en sonido de la hiedra creciente
agarrada con ansiedad al mampuesto,
expuestas sus raíces hacia el aire,
cuaderno de bitácora desde donde redactar
la historia descosida de sus cabrestantes,
será diez kilogramos de ideas
suspendidas en lo alto
de una columna y de un capitel
sencillos y tallados de agua,
trasiego perpetuo del convencimiento,
espejo trashumante
en perspectiva de destino.

No será tu silencio túnel desfallecido
o inmenso secarral
de presente y de futuro,
no se tornará escala de patíbulo,
raíz cuadrada de la nada
o higuera infértil,
pues tus lágrimas las disipará el contraste
de un tañido ufano de campanas.

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