domingo, 1 de julio de 2018

POR NOSOTROS


No deseo ni para mí ni para otros
un balcón perpetuo
de aires áridos y oscuros del nordeste,
ni colgar en el tendal,
propiedad de todos y de nadie,
la astucia de los torpes.

No respiro sospechas,
no escribo para los domadores
de este circo arriesgado y vital;
hablo para ti,
mi igual de sombras,
mi hermano en la luz de las velas,
hablo para ti,
el que desde la ladera opuesta
ve las mismas cumbres que yo veo,
hermano de la distancia impredecible,
encadenado como yo
a las leyes de los que pretender registrar
la propiedad del tiempo.

Por eso he de decirte
que nos veremos,
tendidos sobre el dorso del pinar,
la noche en que se rompan las máscaras,
nos encontraremos oteando el cielo,
sabiendo que nunca jamás
volveremos a sentir
el pavor de haber sido paridos con pánico
ni el de ser esclavos de normas borrosas
que los tuertos quisieron escribir
sobre nuestra piel
con su tinta obsesiva y posesiva.

2 comentarios:

  1. Qué bueno volver a disfrutar del arte de tu poesía, mi querido amigo José Manuel, es siempre un deleite saborear tus versos.

    Otear el cielo para sentir la brisa en la mirada y respirar la vida.

    Besos enormes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra también saber de ti, mi querida María. Gracias por este esfuerzo que sé que haces cuando vienes de visita y estás un momento con nosotros.
      Decirte que te comprendo, porque estoy pasando por una situación muy similar a la tuya, y que sé que, aunque no comentes, siempre apareces en nuestra casa.
      Se te aprecia mucho, mi amiga.
      Un gran abrazo, y también un beso enorme.

      Eliminar